Aquì se opina 18/01/2011
¿A que le temes, Insulza?
La reconstitución de la libertad en Venezuela es tarea indelegable de los venezolanos. Asdrúbal Aguiar
Asdrúbal Aguiar
Luego de matar al tigre se asusta con el cuero. Después de afirmar que la Habilitante que se da a sí mismo el dictador de Venezuela -montado sobre sus "focas" del Parlamento- desconoce la voluntad popular expresada en las elecciones del 26 S, y al paso violenta la Carta Democrática Interamericana, el Secretario de la OEA, José Miguel Insulza, recula en seco. Aclara que apenas da su opinión, pero cosa distinta es que los Estados miembros de la organización quieran debatir sobre el tema.
¿Qué le pasa a Insulza? Se rasga las vestiduras en medio de la calle y pone rodilla en tierra para disparar desaforado contra la Honduras que despacha a Mel Zelaya, pero le tiemblan las canillas al menor reproche del inquilino de Miraflores sobre sus quejas recientes acerca realidad venezolana.
El asunto, o sea mi crónica, nada tiene de personal o impertinente. Insulza, dada su responsabilidad como la cabeza ejecutiva de la organización hemisférica, es sujeto obligado de escrutinio por la opinión pública Así funciona la democracia y lo manda uno de sus componentes fundamentales, a saber, la transparencia y la libertad de prensa, como su columna vertebral.
No hay duda en cuanto a que, desde su estreno, nuestro dictador y los suyos amarran al tambaleante Secretario, quienes a la par descalifican el texto de la Carta Democrática Interamericana y le piden a éste olvidarse de la seguridad democrática en las Américas. La lamentable Declaración de la Florida, adoptada en 2005, es el anclaje para el despropósito sucesivo y desde entonces se habla de la democracia, en los predios de la OEA, cuando ello sirve, únicamente, a los intereses tácticos del eje socialista del siglo XXI.
Es cierto que Insulza "opina" sobre lo dicho por el General Henry Rangel Silva, quien amenaza con el desconocimiento por los militares de una eventual victoria de la oposición en las elecciones del 2012. Pero aparte de opinar, nada más, a pesar de que la Carta mencionada manda la sujeción del poder militar al poder civil.
Luego, ni siquiera respira cuando, desde Georgetown, el gobernante ecuatoriano y el nuestro hacen aprobar por Unasur, en comandita, una cláusula "democrática" que conspira contra los términos de la Carta Democrática Interamericana, y al paso, sin decirlo, el segundo anuncia la muerte del Sistema Interamericano.
Pedirle a Insulza, pues, que frene con su autoridad el despeñadero democrático venezolano, equivale a tanto como pedirle peras al olmo. Aún así se le agradece haber opinado sobre la Habilitante del dictador, a pesar de que omita cumplir la orden que le dicta la Carta Democrática Interamericana, cuyo artículo 20 prevé que el Secretario de la OEA informe -no basta que opine- al Consejo Permanente, por propia iniciativa, de las graves alteraciones constitucionales que ocurran en la región y afecten al orden de la democracia. Dicho órgano, el Consejo, tiene el deber de escuchar al Secretario. Otra cosa, en efecto, es que decida adoptar las medidas que permitan revertir el golpe constitucional ocurrido en Venezuela.
Pero Insulza no es César Gaviria, quien antes pone al felón de Caracas sobre el disparadero de un referéndum revocatorio -su resultado depende entonces de los venezolanos y no de la OEA- y es consciente de que la democracia no es guarimba de los gobernantes sino derecho de los ciudadanos que estos deben garantizar.
La reconstitución de la libertad en Venezuela, en fin, es tarea indelegable de los venezolanos que nadie ha de resolver desde el extranjero, menos el "cagatintas" de la región. Desde afuera tenemos acompañamiento sólo si los Estados y organismos multilaterales advierten que construimos con seriedad, por nosotros mismos, realidades capaces de darle un revolcón a la dictadura y de sostenerse en el tiempo, ajustadas a los principios de la democracia a secas. Así de simple.
El dilema de los diputados de la oposición democrática en la Asamblea y de los "aspirantes", con vistas a lo anterior, es crucial y nada liviano. Han de realizar lo imposible: poner bajo diálogo a la democracia con la dictadura, o acaso, resistir a la dictadura como corresponde a la mejor tradición ética e histórica de los demócratas. Han de entender que la unidad de propósitos al respecto desplaza a la unidad de los burócratas de la política, y manda ver al país como realidad una en su diversidad de aspiraciones.
El dilema del dictador no es menor. Ahora nos ofrece la libertad y el diálogo luego de consumar un verdadero golpe de Estado. Y anuncia revertir su tropelía presionado, a buen seguro, por su barranco en la opinión y preocupado por su destino, luego del 2012. Cabe ponerlo a prueba.
Asdrúbal Aguiar
correoaustral@gmail.com
Tomado de: confirmado.com
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