¿Se fumó una lumpia?
Ayer el ministro Tareck El Aissami perdió los estribos y se lanzó a insultar al presidente de Globovisión, Guillermo Zuloaga, y lo acusó de "mafioso" porque, según el funcionario, estaría realizando negocios fraudulentos con un lote de automóviles que tenía aparcados en una de sus propiedades. En ningún momento el ministro de Interior y Justicia mostró pruebas ni documentos que probaran sus acusaciones destempladas, altaneras y groseras.
Además, no le corresponde a este alto funcionario acusar a nadie porque él no es fiscal, y tampoco ejerce como policía profesional, ni es juez de control en el área metropolitana. Se trata de un abuso de poder por parte del ministro quien, a estas alturas, ya se cree una especie de Robespierre de la corrupta revolución bolivariana.
La verdad es que nadie se explica el cambio en la actitud del ministro Tareck El Aissami, quien llegó al actual despacho en un tono no diríamos que conciliador porque pecaríamos de ingenuos, pero sí menos agresivo y grosero. Sin embargo, ayer se le fueron los tapones y le entró como un cortocircuito histérico, propio de las actrices de Hollywood cuando caen en desgracia. A lo mejor eso es lo que está ocurriendo y trata ahora, con estos berrinches públicos, de volver a ganarse la confianza de Chávez.
También puede ocurrir que, como Aristóbulo Iztúriz expresara años atrás, no sin cierta gracia, que el Presidente se había fumado una lumpia (¿?), hoy ese comportamiento haya sido copiado por el joven burócrata para darse valor ante los periodistas. Todo cabe dentro de lo posible, porque cuando el televidente venezolano ve a un ministro echando espuma por la boca y lanzando groserías a diestra y siniestra, en verdad no se asusta sino que se alarma de que una persona en ese estado pueda dirigir la justicia y la policía de este país. Y no es para menos porque con el Presidente que tenemos ya nos basta y nos sobra para sofocones.
En su show de ayer, el ministro El Aissami explicó atropelladamente que el empresario Guillermo Zuloaga estaba tratando de convertir el allanamiento a su propiedad para decomisarle unos automóviles, en una oportunidad para declararse "perseguido político del gobierno del presidente Hugo Chávez, mediante una maniobra mediática en la que interviene Globovisión".
Cabe preguntarse, si a la casa de un ciudadano llegan, a medianoche, decenas de agentes del Cicpc y guardias nacionales armados hasta los dientes, además de los peligrosos matraqueros de la PM, y derriban la puerta de entrada, ¿cómo debe declararse ese ciudadano? ¿Cómo extraterrestre o como perseguido político? No contento con esa sarta de disparates, el ministro El Aissami acusó a Zuloaga de "tracalero que pretende excusar sus trampas y delitos comunes". Agregó que "esta es una organización mafiosa dirigida por Zuloaga, donde (sic) pretende manipular la verdad y donde las facturas o certificados de origen no están ni sellados, ni firmados". Si así calumnia el ministro de Justicia ¿qué queda para los demás?
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